5
de Junio, Día Mundial del Medio Ambiente
Ser
ecologista es bien cool
Como
sucede en los últimos veinte años, la
“ecología” sigue de moda. Resulta
el pasatiempo ideal y es bien “ecológico”
salir a mirar las aves o separar la basura. Es el
tema ideal para los chicos, para que pinten, armen
frases hermosas y reclamen a los líderes mundiales
por el cuidado del medio ambiente. Mientras tanto,
miramos para otro lado cuando se trata de aplicarla
a cuestiones concretas.
(Publicado
en el diario La Arena, 05/06/09).
La “ecología” es pura retórica.
De hecho, nadie sufre alguna consecuencia por prometer
ser verde y no cumplir.
Más
de diez años pasaron desde aquella reunión
en la ciudad japonesa de Kyoto cuando las potencias
(menos EE.UU.) se comprometieron a reducir las emisiones
de gases de efecto de invernadero.
Hoy,
con Barak Obama en la presidencia, todos festejan.
Estados Unidos anunció su compromiso frente
al cambio climático y el mundo aplaude. Pero
nadie se anima a decir que es demasiado tarde y que
deberemos acostumbrarnos a vivir (y los que tienen
menos, a padecer y a morir) en un mundo “más
caliente”.
Todo
se permite en nombre de la ecología. Al Gore
dijo e hizo poco cuando fue vicepresidente de Estados
Unidos (en la misma época en que su país
no reconocía que sus chimeneas y sus grandes
autos eran responsable de un 25% de la emisiones de
CO2). Ahora, cuando sus palabras y acciones no inciden
en los destinos del país que más contamina,
ahora reclama políticas activas y promueve
los biocombustibles para combatir el cambio climático.
Pero
importa más las apariencias que las acciones
concretas. Por su discurso, Al Gore recibió
el Premio Nóbel de la Paz. Con este antecedente
y pérdida de memoria, dentro de poco tiempo
podríamos sorprendernos con un George Bush
pacifista que lucha por el desarme y que está
nominado para el Nóbel también.
Moda
La ecología es moda y moda bien liviana. Encaja
perfecto en cualquier comentario de la calle y también
es el broche de cierre de los grandes discursos.
Pero
al momento de practicar algunas medidas de sentido
común (que son, justamente, “medidas
ambientales o ecológicas”), miramos para
otro lado. Gastamos lo que no tenemos y compramos
un splits para soportar el verano o colocamos tantos
calefactores como sea posible en innvierno.
La
crisis actual, más anunciada que sufrida, se
mide por la cantidad de autos vendidos y plazas hoteleras
cubiertas. La clase media y alta no pueden, como hace
unos años, mantenerse a flote y deben resignarse
a quedarse con su auto viejo de dos o tres años
de antigüedad. No podrán hacer frente
al stress y deberán contentarse con salir una
vez (a lo sumo dos) de vacaciones.
Y
los grandes medios se encargan (en tiempo electorales
aun más) de marcar las heridas de la crisis:
caen las ventas en los shopping, se fue Armani del
país y se estabilizaron la venta de los aparatos
celulares.
Agenda
Según una encuesta, la preocupación
ambiental de los pampeanos es la basura doméstica.
Nadie dice que Santa Rosa, la ciudad más poblada
de La Pampa, genera en un año toda la basura
que producen los porteños en una semana. Allí
es un problema, aquí un asuntos de caja más
que de prioridades ambientales.
La
agenda la siguen armando en los grandes centros urbanos.
Aquí, que vivimos rodeados de campos cultivados
(donde antes había bosques y pastizales), los
agroquímicos son moneda corrientes y los envases
se queman, entierran o arrojan en caminos vecinales.
Casi se multiplicó el consumo de agua en los
centros urbanos que, como Santa Rosa, se abastecen
del acueducto desde el río Colorado (una de
las obras más caras). Es un tema económico
la deuda por este servicio y todos aplauden cuando
llega el subsidio. Nadie dice una palabra ni explica
por qué este elemento básico cuesta
lo que valen cinco atados de cigarrillos o la primera
cuota de un jeans de una marca desconocida.
Y
para completar la situación, llamamos a la
línea franca para quejarnos de las subas en
los servicios sanitarios municipales y no decimos
nada (o hablamos en voz baja) cuando aumentan los
combustibles (“por el precio del barril”)
o crece la producción de soja a costa de perder
más bosques o pastizales.
Hace
veinte años que la ecología se pudo
de moda. Durante ese tiempo aumentaron las emisiones
de CO2, las ventas de los autos, los desmontes y también
la cantidad de marginados.
Pablo
D’Atri (Director suplemento ECO) |