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Maquillaje
verde
Maquillaje
verde
Análisis crítico de la certificación
de monocultivosde árboles en Uruguay por el
FSC
Ricardo Carrere
Colección del WRM
La
publicación es una buena oportunidad para conocer
la antesala de la construcción de las plantas
de celulosas en Uruguay.
Con
el respaldo y el prestigio del Movimiento Mundial
por los Bosques Tropicales (WRM), "Maquillaje
Verde", la publicación que llegó
a nuestra redacción desnuda el complejo panorama
forestal del país oriental.
Con
una importante superficie cubierta por eucaliptos
y pinos (monocultivos), la situación se complica
a partir de 2001 cuando surge en escena el FSC (según
las siglas en inglés del Consejo de Manejo
Forestal), una suerte de "certificadora verde".
"Esta situación ha planteado el grave
problema de que la certificación implica un
debilitamiento de la oposición local, puesto
que otorga un sello supuestamente "verde"
a las empresas", dice el WRM.
Este
"sello ecológico" dio el visto bueno
a miles de hectáreas de plantaciones confiriéndole
el carácter de "bosque".
Pero
además, y como dato llamativo, las certificaciones
se entregaron a importantes compañías,
entre ellas EUFORES, propiedad del grupo ENCE de España,
la misma que está trabajando en la construcción
de la planta de celulosa sobre el río Uruguay.
También
está COFOSA, donde confluyen grandes empresas
como el Grupo Roayl Dutch/Shell, UPM-Kymmene Corporation
de Finlandia, entre otras. El detalle es que se incorpora
a esta empresa la finlandesa Metsa Botnia, muy conocida
por estos días en el conflicto de las papeleras.
Estas
compañías están en Uruguay desde
hace décadas y son dueñas de la mayoría
de las plantaciones artificiales.
(Más
información: Movimiento Mundial por los Bosques
Tropicales (WRM) - wrm@wrm.org.uy - www.wrm.org.uy
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Lo
superfluo por lo necesario
Por
Obdulio Menghi *
Todo
ser viviente, por el hecho mismo de existir, contribuye
a la evolución del ecosistema en que habita.
Los ecosistemas evolucionaron en ausencia del Hombre.
No se trata, entonces, de pretender bloquear la evolución
de nuestro planeta y de poner la naturaleza en una
lata de conserva. Lo que sí se impone es impedir
que el Hombre, por sus actividades, comprometa el
funcionamiento del sistema y, de esa forma, no sólo
sus futuras posibilidades de intervención,
sino también de su propia supervivencia.
La
importancia de los disturbios ambientales en la vida
de los países revela que han alcanzado niveles
que ya no es más posible desestimar. Desde
que el Hombre supo hacer fuego, fabricar herramientas,
cultivar plantas y domesticar animales, ha perturbado
a menudo gravemente el funcionamiento de los ecosistemas.
Sin embargo, el Hombre no puede permitirse más
el lujo de tratar los problemas ecológicos
con el desparpajo y la irresponsabilidad actual. Sería
infantil y tonto creer y afirmar que la ciencia resolverá
todos los problemas: nadie duda del triunfo del conocimiento
que ha permitido comprender las reacciones nucleares,
sintetizar nuevas moléculas, viajar fuera de
nuestra atmósfera y resolver tantos otros delicados
problemas que enfrentó y enfrenta el Hombre.
Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por el triunfalismo
idealista, de tradición positivista, de que
la ciencia está ahí para defendernos.
La ciencia y su expresión más mediata,
la tecnología, también han demostrado
muchas veces su alta nocividad. Los conocimientos
científicos no han impedido el desarrollo de
estrategias erróneas que han comprometido y
comprometen seriamente la economía humana y
la economía de la naturaleza.
Es
de esperar que todos aquellos llamados a tomar decisiones,
cualquiera sea su tendencia ideológica, se
ocupen de una vez por todas del problema ambiental
que aqueja a los pueblos, y que se den cuenta de que
el progreso, el crecimiento económico, social,
cultural o político de las comunidades humanas,
es decir el desarrollo, no es posible si no se respetan
las básicas leyes del entorno que nos permite
vivir.
*
Presidente de la Fundación Biodiversidad
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Greenpeace
y el oro
Sres.
de "ecodigital":
He
leído detenidamente el artículo sobre
la minería del oro y me pasó lo que
me pasa cada vez que leo las posturas de Greenpeace:
me convenzo de que esta entidad quiere volver a la
era de las cavernas y todo lo que tiene que ver con
la posibilidad de crear riqueza en los países
en vía de desarrollo es atacado, ya sea un
proyecto minero o un proyecto de tecnología
nuclear.
En
este artículo las estrategias son realmente
tragicómicas: primero citando datos falsos
y fuera de contexto habla de la inutilidad del oro,
haciendo la vista gorda a las pizarras de los mercados
donde este metal llega a los valores más alto
de la última década.
Paralelamente,
sugiere un abandono del oro en los usos humanos por
su costo ambiental al que enmarca en cifras estadísticas
inválidas para las explotaciones sudamericanas.
A
esto suma la agitación de accidentes y, aunque
reconoce que son accidentes, en vez de militar por
la búsqueda de tecnologías seguras,
quiere detener la actividad económica (la que
también quiere deslegitimar con datos que no
tienen ni pie ni cabeza) pasando por alto la búsqueda
de mejores niveles de vida para nuestra población
¿O
quizás deja para la próxima entrega
la receta de cómo vivir del aire, o del trabajo
ajeno, como su institución?
Atte.
Juan Pablo A. Dalmasso
Córdoba (Argentina)
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En
favor de las aves
Editorial del diario "La
Nación"
*
Ante
la paulatina degradación de los habitats, la
contaminación ambiental y el tráfico
ilegal de fauna que pone en gravísimo riesgo
a las aves silvestres y a los ambientes en que viven,
es muy positivo que todos los argentinos apoyemos
los esfuezos de quienes han comprendido la importancia
de la conservación y la preservación
de la diversidad biológica. De allí,
la trascendencia de la reunión multidisciplinaria
efectuada en Buenos Aires para presentar el programa
"Areas de importancia para la conservación
de las aves en la Argentina", que contó
con la presencia, entre otras personalidades, de doce
representantes del consejo mundial de BirdLife international,
la mayor confederación internacional de entidades
ornitológicas.
Dicho
programa determina cuáles son los sitios clave
del mundo aptos para lograr el objetivo de preservar
y conservar la biodiversidad. Han sido ubicados 7000
lugares de esas características, en 130 países.
Pero la labor es tan intensa y sostenida que se prevé
llegar a 12.000 áreas para la protección
de las aves silvestres amenazadas, durante 2004. Africa
y Europa ya han difundido la selección de sus
áreas, mientras que en los demás continentes
se está avanzando en esta cuestión.
Los países integrantes de la Unión Europea,
por ejemplo, promueven sanciones para quienes no colaboren
con la protección, marcando un rumbo que señala
una política cuya aplicación también
sería, sin duda, sumamente deseable para el
Mercosur.
Mediante
la coordinación local de Aves Argentinas se
dio a conocer, pues, la ubicación de las primeras
seis áreas de nuestro país. Ellas son
las de Sierra Morena (Misiones), Bañados del
Saladillo (Córdoba), El Ñandubaysal
(Entre Ríos), Cuenca del Aguapey (Corrientes),
Reserva Ecológica El Bagual (Formosa) y Reserva
Natural Otamendi (Buenos Aires). Además, fueron
evaluadas otras 300 áreas y aún resta
efectuar un taller sobre la Patagonia.
Los
argentinos -fue subrayado- debemos hacernos responsables
de la conservación de las áreas de pastizales,
seriamente amenazadas en todo el globo por causa de
la incidencia creciente de las explotaciones agrícolas,
ganaderas y forestales, que arrinconan y amenazan
a 20 especies diferentes de aves. Es altamente plausible
que nuestro país contribuya
al mantenimiento de las propiedades naturales de sus
ecosistemas, desarrollando su uso sostenible y teniendo
presente que se trata, sencillamente, de preservar
el mejor entorno para el futuro de nuestros hijos.
* Miércoles
26 de Noviembre de 2003
Web:
http://www.lanacion.com.ar/03/11/26/do_548726.asp
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La
lección de la diuca
Por
Edgar Morisoli *
La
Pampa y el largo Sur en que se inscribe, la Patagonia
toda, constituyen una región austera y heroica,
curtida de olvidos y despojos, pero a la vez hermosa
y hechizada. Vivimos en una tierra mágica,
cuyo pacto de existencia con el Universo se renueva
día a día. O mejor dicho, noche a noche.
Porque al filo del alba, cuando todavía la
oscuridad es absoluta y relumbra más fuerte
Wünyelfe, el lucero de la madrugada, el mundo
afronta la pregunta decisiva, la duda mayor: ¿amanecerá?
El porvenir se juega a suerte o verdad. El día
o la nada. La continuidad de la vida -sólo
posible con el sol-, o su interrupción y el
cese de la maravilla cotidiana.
Encrucijada tremenda, disyuntiva final que en ese
momento único de la noche, de cada noche, coloca
a todo lo que se alienta sobre la tierra ante el cara-o-ceca
de la Muerte o la Vida, ante el universo o reverso
del naipe del Destino.El mundo vacila y se estremece.
El mundo queda en vilo frente a esa horqueta de senderos,
que se reitera inexorable.
... Y un pájaro lo salva. Noche a noche, un
pájaro salva al mundo. Un pajarito pequeño,
gris plomizo, vientre y garganta blancos,
que en el instante crucial, en el inmenso silencio
de la noche patagónica, canta. Rompe y canta.
Y amanece.Es ella, la diuca. (La rucadiuca, la aurorita,
la yuquita del cariño infantil). Y la vieja
sabiduría del hombre de la tierra, la siempre
verde palabra del pueblo, así lo enseña
con su síntesis poética: La diuca
no canta porque vaya a amanecer, sino para que amanezca.Aprendamos
su lección.
* Escritor y
poeta santafesino radicado desde hace varias décadas
en La Pampa. Ha hecho del paisaje y del hombre patagónico
el protagonista central de sus obras. Es uno de los
responsables máximos de los distintos emprendimientos
realizados para el aprovechamiento hídrico
de la región, y es y ha sido defensor activo
de los ecosistemas pampeanos. Autor de varios libros,
entre los que se destacan Obra Callada,
Salmo Bagual y Hasta aquí
la canción.
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Una alternativa para el
Yacaré
Por
Guillermo Puccio *
Anoche,
un noticiero televisivo mostraba algo poco común
en los medios masivos argentinos: una nota sobre la
comercialización de la carne de yacaré.
Para una especie urbana (como nosotros que vivimos
en Buenos Aires, y como tantos otros argentinos que
"descendemos de los barcos"), ver a un carnicero
de barrio mostrando en TV los diferentes cortes y
posibilidades de preparación de exquisitos
platos con carne de caimán, resulta más
que curioso.
Consumir
su carne ¿atenta contra la conservación
de los yacarés, especie que estuvo amenazada
de extinción en la década del ochenta?
¿Qué debemos hacer para que no desaparezca? El
dilema de la conservación puede resolverse
con una sola filosofía: la de utilizar sin
destruir.
El Iberá y demás ambientes acuáticos
del norte argentino son percibidos por los productores
"tradicionales" como de poco aprovechamiento.
Escuchamos muy a menudo que hay que drenar los humedales
(o bañados, como dicen nuestros paisanos),
para cultivarlos con vaya a saber qué cereal
de moda, o para forestar con pinos exóticos,
o simplemente cultivar arroz. O los inundamos con
una represa.
Desafortunadamente
para la conservación, estos "genios productivos"
son escuchados muy atentamente por nuestra clase dirigente
en más de una oportunidad. Es así como
aberrantes proyectos encuentran tierra fértil
para terminar en pocas semanas lo que la evolución
le llevó miles de años en construir. Por
ello, hay que darle un valor al hábitat para
que no desaparezca.
¿Cómo
hacerlo si no nos enseñaron que existe un punto
intermedio entre la destrucción y la preservación
a ultranza?
Nuestros hijos ya aprenden en la escuela que el planeta
sufre, y que desaparecen cientos de especies día
a día. A nosotros nos queda la ardua tarea
de aprender, por nosotros mismos, que la naturaleza
puede ser aprovechada sin transformarla, destruirla
o aislarla completamente del ser humano.
En
la actualidad, existen dos proyectos de Cría
en Granja de yacarés en Argentina. El "Proyecto
Yacaré" llevado a cabo por la Provincia
de Santa Fé y el INTA, y otro en el refugio
de "El Cachapé", Chaco, desarrollado
por la Fundación Vida Silvestre Argentina.
La Cría en Granjas se fundamenta en la extracción
del medio natural de huevos que serán incubados
y sus crías alimentadas, hasta llegar a un
tamaño que le permita sobrevivir en el medio
natural (para especimenes introducidos al hábitat),
y/o a un grado de madurez que permita su aprovechamiento
comercial (cuero, carne, etc.).
Como
todo en este mundo, la aceptación del consumidor
y el control del sistema (identificación del
origen legal) son claves para el éxito. Si
logramos incorporar al uso sustentable en nuestro
modo de vida, no solo estaremos ayudando a conservar
al yacaré, sino que estaremos valorizando su
hábitat natural. Agradecidos estarán
los aguará guazú, carpinchos, yabirús,
patos coronderos, ciervo de las pampas y ñandúes,
juncos, totoras y plantas flotantes.
NOTA:
En Argentina podemos encontrar dos tipos de yacaré:
el yacaré negro (Caiman yacare), incluido en
el Apéndice II de la CITES, comercio internacional
regulado; y el yacaré overo (Caiman latirostris)
incluido en el Apéndice I, comercio prohibido,
con excepción de la población bajo manejo
del Proyecto Yacaré que está en el Apéndice
II.
*
Fundación Biodiversidad.
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