|
El año pasado la Dirección de Recursos Naturales de
La Pampa (Arg.) y la policía de la provincia rescató
en un operativo a tres aguiluchos envueltos en nylon, que se hallaban
en el interior de una camioneta en cercanías del paraje El
Durazno. Habían sido capturados por cazadores de las provincias
de Santa Fe y Buenos Aires, quienes aseguraron que contaban con
un permiso de "caza científica" y que los especímenes
iban a ser entrenados para capturar palomas en los aeropuertos,
aunque las tres aves llevaban fajas que indicaban que eran para
exportación.
El
problema del tráfico ilegal de especies es interjurisdiccional
y ése es uno de los principales obstáculos que encuentra
cada provincia a la hora de hacer cumplir las leyes. En La Pampa
está vigente la Ley Provincial N° 1.194, de Conservación
de Fauna Silvestre, sancionada en 1989 y reglamentada en 1994. Además,
anualmente se dictan disposiciones que regulan las temporadas de
caza, el control de poblaciones y el tráfico de flora y fauna,
entre otras cuestiones.
Especies
protegidas
Las especies pampeanas que cuentan con protección total,
al estar incluidas en el Apéndice I de la Convención
sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora
y Fauna Silvestres (CITES), son el cardenal amarillo y la mayoría
de las aves canoras. El puma se halla en el Apéndice II,
es decir que se permite su caza pero con restricciones.
De
acuerdo a las regulaciones emanadas de la Dirección de Recursos
Naturales de la provincia, las únicas aves que se pueden
cazar, con un cupo y en una época determinada, son las perdices
(perdiz chica y perdiz de monte), la paloma y el loro. Pero el resto,
las aves como el cardenal, el jilguero y todas las canoras, están
protegidas.
Cabe
aclarar que, de acuerdo a lo que dice la Ley de Fauna, la caza no
es solamente matar al animal sino también apropiarse de él.
Por eso se castiga a las personas que tienen aves o animales silvestres
en cautiverio, encerrados en jaulas o corrales, porque también
es una forma de cazar.
Mascotas
prohibidas
Según informaron desde el Dirección de Recursos
Naturales, la mayor problemática que enfrenta La Pampa con
respecto al tráfico de especies es el mascotismo. Es decir,
tener animales silvestres en casa como mascotas, como por ejemplo
los cardenales o picahuesos. Esas prácticas son las que incitan
al tráfico.
Además
del cardenal amarillo y de otras aves canoras, las especies autóctonas
más buscadas son la cotorra, que proliferan en los montes
pampeanos y la tortuga terrestre, que pueden hallarse en el oeste
provincial. A esto hay que sumar las provenientes de otras regiones
del país que a veces pueden hallarse ilegalmente en la provincia.
En
cuanto a los procedimientos, el Estado encuentra algunas limitaciones
en su accionar. Las inspecciones que se realizan en los comercios
de mascotas muchas veces resultan infructuosas porque las especies
cuya comercialización está prohibida no suelen estar
a la vista del público. Si bien la Dirección de Recursos
Naturales puede efectuar allanamientos, para eso debe tener alguna
pista concreta de la existencia de un animal encerrado en el lugar.
Falta
de conciencia
Algunas personas son conscientes de la prohibición de
tener fauna silvestre en cautiverio, pero igual lo hacen; otras,
obran mal simplemente por ignorancia. Por eso uno de los objetivos
fundamentales de la RACTES es trabajar en la educación, sobre
todo con los chicos, que son más permeables a ese tipo de
conductas. Ellos deben comprender que salir a cazar pajaritos al
campo está mal, al igual que llevar un puma pequeño
a sus hogares, sin tomar en cuenta que en algún momento crecerá.
Pero
el ejemplo debe venir de los adultos. "El mayor problema de
los animales que salen de la naturaleza es que no pueden volver
nuevamente. Es muy difícil la reinserción", remarcaron
desde Fauna Silvestre de la provincia.
Al
estar fuera de su hábitat, la vida de muchas especies se
acorta y sufren de estrés o están sometidas a peligros
que no existen en la naturaleza. Cuando son trasladadas a las ciudades,
a las tortugas se las come el perro o las pisa un auto; hay muchos
pájaros que no pueden vivir en cautiverio y en el caso de
los pumas es frecuente que cuando se hacen adultos, las familias
no puedan alimentarlos o tengan miedo de que alguien salga herido
y llaman a Fauna para que se los lleve.
Sin
embargo, el problema es qué se hace luego con esos animales
recuperados. A menudo las dependencias oficiales no cuentan con
medios ni espacios físicos para ocuparse de ellos y el personal
no suele estar capacitado para tratar con algunas especies. Ante
la duda de cómo hacer el procedimiento, en muchos casos se
deja al infractor como depositario legal, para no arriesgar la vida
del animal, indicaron desde la Dirección de Recursos Naturales.
A los
pájaros capturados recientemente se los libera. Si llevan
más tiempo en cautiverio, se los lleva un tiempo a un jaulón
de recuperación y luego son puestos en libertad. En el caso
de los mamíferos, se suelen dejar con el infractor hasta
que se busca a los especialistas que sepan capturarlo y se prevé
el destino que tendrá. Recientemente en La Pampa se derivaron
dos pumas a un zoológico de América, provincia de
Buenos Aires, de donde vinieron técnicos especializados a
buscarlos.
La
caza
Una de las especies pampeanas más amenazadas es el puma.
Lo que ocurre es que no en muchos lugares de América está
permitida su caza deportiva y si bien en La Pampa está regulada
con cupos, es un trofeo bastante importante y también fomenta
el tráfico.
Actualmente,
en la provincia existe un cupo de captura de dos pumas por cazador
por temporada. Además, se requiere que la superficie del
campo en el que se caza sea mayor a 500 hectáreas, con un
ambiente de monte y tiene que estar inscripto en el registro correspondiente.
Sin
embargo la problemática del puma es mucho más amplia
que en lo concerniente a la caza deportiva. Tradicionalmente el
productor lo ha visto como una plaga o una amenaza para su producción,
de modo que aún existen leyes -que aunque están en
vigencia no se aplican- que fomentan su captura y pagan el cuero.
En otras provincias inclusive, se estimula la caza para minimizar
el efecto que tienen esas especies sobre la producción ovina,
por ejemplo. Entonces es muy difícil saber cuántos
pumas se matan como método de control, explicaron desde Recursos
Naturales.
Con
respecto a la regulación de la caza en La Pampa, si bien
las leyes no han cambiado, han comenzado a realizarse otro tipo
de procedimientos. Además de los controles tradicionales
en rutas y caminos vecinales, se están efectuando allanamientos
en los campos y cotos, para verificar qué tipo de piezas
y cantidades se están cazando.
Protección
de fronteras
Uno de los principales problemas para controlar el tráfico
de especies silvestres es la falta de coordinación entre
las distintas provincias argentinas. Ese será uno de los
puntos centrales en la agenda de la tercera reunión de la
RACTES, que se realizará en Santa Rosa esta semana (ver aparte).
Otro
problema es el control de las fronteras interprovinciales, para
lo que no se cuenta con recursos suficientes. En La Pampa los mayores
controles se dan en el sur, donde están las barreras fitosanitarias,
pero el resto de las fronteras son más vulnerables.
Más
allá de los inconvenientes de orden práctico enumerados,
el principal escollo para controlar el tráfico ilegal se
refiere a la falta de conciencia: la búsqueda de soluciones
duraderas dependerá de que la población comience a
comprender la gravedad de los desequilibrios que ocasionan a la
biodiversidad el mascotismo y la caza indiscriminada de especies
silvestres.
Texto:
Paula Laguarda
Ilus.: Bibi González
|