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El tráfico de especies silvestres es uno de
los comercios ilegales más redituables a nivel
mundial, luego de las armas y las drogas.
Pero los orígenes de este gran negocio se hallan
en un nivel más doméstico: la falta
de conciencia de la población acerca de dos
problemas graves como son el mascotismo y la caza
indiscriminada.
En
el año 2005, la Dirección de Recursos
Naturales de La Pampa (Arg.) y la policía de
la provincia rescató en un operativo a tres
aguiluchos envueltos en nylon, que se hallaban en
el interior de una camioneta en cercanías del
paraje El Durazno. Habían sido capturados por
cazadores de las provincias de Santa Fe y Buenos Aires,
quienes aseguraron que contaban con un permiso de
"caza científica" y que los especímenes
iban a ser entrenados para capturar palomas en los
aeropuertos, aunque las tres aves llevaban fajas que
indicaban que eran para exportación.
El
problema del tráfico ilegal de especies es
interjurisdiccional y ése es uno de los principales
obstáculos que encuentra cada provincia a la
hora de hacer cumplir las leyes. En La Pampa está
vigente la Ley Provincial N° 1.194, de Conservación
de Fauna Silvestre, sancionada en 1989 y reglamentada
en 1994. Además, anualmente se dictan disposiciones
que regulan las temporadas de caza, el control de
poblaciones y el tráfico de flora y fauna,
entre otras cuestiones.
Especies
protegidas
Las especies pampeanas que cuentan con protección
total, al estar incluidas en el Apéndice I
de la Convención sobre el Comercio Internacional
de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres
(CITES), son el cardenal amarillo y la mayoría
de las aves canoras. El puma se halla en el Apéndice
II, es decir que se permite su caza pero con restricciones.
De
acuerdo a las regulaciones emanadas de la Dirección
de Recursos Naturales de la provincia, las únicas
aves que se pueden cazar, con un cupo y en una época
determinada, son las perdices (perdiz chica y perdiz
de monte), la paloma y el loro. Pero el resto, las
aves como el cardenal, el jilguero y todas las canoras,
están protegidas.
Cabe
aclarar que, de acuerdo a lo que dice la Ley de Fauna,
la caza no es solamente matar al animal sino también
apropiarse de él. Por eso se castiga a las
personas que tienen aves o animales silvestres en
cautiverio, encerrados en jaulas o corrales, porque
también es una forma de cazar.
Mascotas
prohibidas
Según informaron desde el Dirección
de Recursos Naturales, la mayor problemática
que enfrenta La Pampa con respecto al tráfico
de especies es el mascotismo. Es decir, tener animales
silvestres en casa como mascotas, como por ejemplo
los cardenales o picahuesos. Esas prácticas
son las que incitan al tráfico.
Además
del cardenal amarillo y de otras aves canoras, las
especies autóctonas más buscadas son
la cotorra, que proliferan en los montes pampeanos
y la tortuga terrestre, que pueden hallarse en el
oeste provincial. A esto hay que sumar las provenientes
de otras regiones del país que a veces pueden
hallarse ilegalmente en la provincia.
En
cuanto a los procedimientos, el Estado encuentra algunas
limitaciones en su accionar. Las inspecciones que
se realizan en los comercios de mascotas muchas veces
resultan infructuosas porque las especies cuya comercialización
está prohibida no suelen estar a la vista del
público. Si bien la Dirección de Recursos
Naturales puede efectuar allanamientos, para eso debe
tener alguna pista concreta de la existencia de un
animal encerrado en el lugar.
Falta
de conciencia
Algunas personas son conscientes de la prohibición
de tener fauna silvestre en cautiverio, pero igual
lo hacen; otras, obran mal simplemente por ignorancia.
Por eso uno de los objetivos fundamentales de la RACTES
es trabajar en la educación, sobre todo con
los chicos, que son más permeables a ese tipo
de conductas. Ellos deben comprender que salir a cazar
pajaritos al campo está mal, al igual que llevar
un puma pequeño a sus hogares, sin tomar en
cuenta que en algún momento crecerá.
Pero
el ejemplo debe venir de los adultos. "El mayor
problema de los animales que salen de la naturaleza
es que no pueden volver nuevamente. Es muy difícil
la reinserción", remarcaron desde Fauna
Silvestre de la provincia.
Al
estar fuera de su hábitat, la vida de muchas
especies se acorta y sufren de estrés o están
sometidas a peligros que no existen en la naturaleza.
Cuando son trasladadas a las ciudades, a las tortugas
se las come el perro o las pisa un auto; hay muchos
pájaros que no pueden vivir en cautiverio y
en el caso de los pumas es frecuente que cuando se
hacen adultos, las familias no puedan alimentarlos
o tengan miedo de que alguien salga herido y llaman
a Fauna para que se los lleve.
Sin
embargo, el problema es qué se hace luego con
esos animales recuperados. A menudo las dependencias
oficiales no cuentan con medios ni espacios físicos
para ocuparse de ellos y el personal no suele estar
capacitado para tratar con algunas especies. Ante
la duda de cómo hacer el procedimiento, en
muchos casos se deja al infractor como depositario
legal, para no arriesgar la vida del animal, indicaron
desde la Dirección de Recursos Naturales.
A
los pájaros capturados recientemente se los
libera. Si llevan más tiempo en cautiverio,
se los lleva un tiempo a un jaulón de recuperación
y luego son puestos en libertad. En el caso de los
mamíferos, se suelen dejar con el infractor
hasta que se busca a los especialistas que sepan capturarlo
y se prevé el destino que tendrá. Recientemente
en La Pampa se derivaron dos pumas a un zoológico
de América, provincia de Buenos Aires, de donde
vinieron técnicos especializados a buscarlos.
La
caza
Una de las especies pampeanas más amenazadas
es el puma. Lo que ocurre es que no en muchos lugares
de América está permitida su caza deportiva
y si bien en La Pampa está regulada con cupos,
es un trofeo bastante importante y también
fomenta el tráfico.
Actualmente,
en la provincia existe un cupo de captura de dos pumas
por cazador por temporada. Además, se requiere
que la superficie del campo en el que se caza sea
mayor a 500 hectáreas, con un ambiente de monte
y tiene que estar inscripto en el registro correspondiente.
Sin
embargo la problemática del puma es mucho más
amplia que en lo concerniente a la caza deportiva.
Tradicionalmente el productor lo ha visto como una
plaga o una amenaza para su producción, de
modo que aún existen leyes -que aunque están
en vigencia no se aplican- que fomentan su captura
y pagan el cuero. En otras provincias inclusive, se
estimula la caza para minimizar el efecto que tienen
esas especies sobre la producción ovina, por
ejemplo. Entonces es muy difícil saber cuántos
pumas se matan como método de control, explicaron
desde Recursos Naturales.
Con
respecto a la regulación de la caza en La Pampa,
si bien las leyes no han cambiado, han comenzado a
realizarse otro tipo de procedimientos. Además
de los controles tradicionales en rutas y caminos
vecinales, se están efectuando allanamientos
en los campos y cotos, para verificar qué tipo
de piezas y cantidades se están cazando.
Protección
de fronteras
Uno de los principales problemas para controlar
el tráfico de especies silvestres es la falta
de coordinación entre las distintas provincias
argentinas. Ese será uno de los puntos centrales
en la agenda de la tercera reunión de la RACTES,
que se realizará en Santa Rosa esta semana
(ver aparte).
Otro
problema es el control de las fronteras interprovinciales,
para lo que no se cuenta con recursos suficientes.
En La Pampa los mayores controles se dan en el sur,
donde están las barreras fitosanitarias, pero
el resto de las fronteras son más vulnerables.
Más
allá de los inconvenientes de orden práctico
enumerados, el principal escollo para controlar el
tráfico ilegal se refiere a la falta de conciencia:
la búsqueda de soluciones duraderas dependerá
de que la población comience a comprender la
gravedad de los desequilibrios que ocasionan a la
biodiversidad el mascotismo y la caza indiscriminada
de especies silvestres.
Texto:
Paula Laguarda
Ilus.: Bibi González
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