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Por Verónica Odriozola
(Greenpeace
Argentina)
El
cambio en la legislación argentina facilitando
las inversiones en explotaciones mineras comenzado
en los años '90, sumado a la suba del precio
internacional del oro, ha generado un ámbito
muy favorable para este tipo de emprendimientos en
nuestro país. Este hecho provoca una creciente
preocupación por los impactos de estas actividades
sobre el medio ambiente y la sociedad.
La
minería de oro con lixiviación de cianuro
tiene importantes impactos ambientales y sociales
como lo demuestra la información disponible
de fuentes independientes en los sitios donde operan
o han operado minas en el pasado.
Los
accidentes ocurridos en los últimos años
en minas de distintos lugares del planeta, aún
en sitios donde las empresas aseguraban manejar avanzadas
técnicas de cuidado ambiental, muestran la
incapacidad de la industria y los gobiernos en proteger
el medio ambiente y la salud pública frente
a este tipo de emprendimientos.
La
destrucción ambiental en lingotes
A
través de la puesta en marcha del Plan de Desarrollo
Minero en la Argentina durante la década del
'90, se promovió el avance de empresas extranjeras
en la actividad minera. Una característica
de ese Plan ha sido la "concentración
de las inversiones en la producción de minerales
que no son insumos de industrias locales (principalmente
oro, y también plata, cobre y otros), y que
tienen altos precios en los mercados internacionales.
Sin
embargo, no se ha contemplado el hecho de que la minería
de oro a gran escala tiene un importante impacto ambiental
y social. Desde el comienzo de los tiempos, el oro
ha sido considerado un metal interesante por su inviolabilidad
química, pero a diferencia de otros metales
preciosos como plata o platino, el oro nunca ha sido
empleado ampliamente por industria alguna. Gracias
a las nuevas cerámicas, el oro está
siendo reemplazado en los tratamientos odontológicos
e incluso en los chips de computadoras.
A
partir del Siglo XIX, el oro ha sido empleado para
respaldar el valor del dinero. Como resultado de esto,
gran parte del oro existente en el mundo se almacena
en los tesoros de los bancos nacionales. Esto ha ido
cambiando y algunos países han vendido oro
de sus bancos. Según la revista "The Economist",
el oro es el "combustible gastado de un sistema
monetario obsoleto".
Actualmente,
como en épocas ancestrales, el oro es empleado
principalmente para joyas y acumulación privada
de riqueza. El 85% de la producción anual termina
formando parte de alhajas.
Es
así que la producción de algunos artículos
que en sí mismos parecen inocuos puede ser
muy destructiva. Por ejemplo, las alianzas de oro
empleadas por las parejas para sellar su compromiso
requieren el procesamiento de toneladas de mineral,
seguramente por el método de lixiviación
con cianuro. Según el Worldwatch Institute,
para crear un par de alianzas de oro, el mineral procesado
equivaldría a una cava en el suelo de 3,05
m de largo, 1,80 m de ancho y 1,80 m de profundidad.
Entre
todos los metales, el oro puede distinguirse por dos
cosas: su producción en cantidades muy pequeñas,
y la enorme alteración ambiental que genera
su extracción. En 1991 la producción
de 2.445 toneladas de oro requería la remoción
y el procesamiento de más de 741 millones de
toneladas de mineral.
En
la dimensión del daño ocasionado por
tonelada de metal producido, nada puede igualar al
oro. Cada tonelada de oro requiere el procesamiento
de 300.000 toneladas de mineral, el equivalente a
una pequeña montaña.
Además del vertido de sustancias tóxicas
al ambiente, la minería de oro es físicamente
peligrosa. En Sudáfrica, donde la mayor parte
del oro se extrae de manera subterránea, la
muerte en las minas es un hecho rutinario, promediándose
la muerte de una persona por cada tonelada de oro
producida. Según la Organización Internacional
del Trabajo, la minería es uno de los sectores
más peligrosos en el mundo y causa más
de 15.000 muertes al año.
Drenajes
ácidos de roca
Los drenajes ácidos representan uno de los
principales problemas ambientales que enfrenta la
minería. Estos drenajes ácidos
ocurren cuando los minerales que contienen sulfuros
presentes en la roca se exponen al aire o al agua,
convirtiendo el sulfuro en ácido sulfúrico.
Este ácido puede disolver metales pesados (plomo,
zinc, cobre, arsénico, mercurio o cadmio) presentes
en las rocas y en los residuos o colas, hacia el agua
superficial o subterránea.
Los
drenajes ácidos pueden contaminar gravemente
el agua de ecosistemas cercanos así como el
agua de consumo humano. Los drenajes ácidos
ocurren naturalmente y se denominan drenajes ácidos
de roca (DAR), pero son significativamente magnificados
como consecuencia de la minería y adquieren
el nombre de drenajes ácidos de minería
(DAM). A su vez, la generación de DAM puede
durar décadas, siglos y más, y estos
drenajes pueden viajar largas distancias río
abajo.
Una
de las principales limitaciones de la mayoría
de los estudios sobre minería es la subestimación
que se hace de la cantidad de tiempo que la comunidad
debe considerar cuando pretende evaluar los futuros
impactos de un proyecto minero. Las evidencias indican
que debería comenzar a considerarse el manejo
de los residuos de minería de la misma manera
que se encaran los riesgos puestos por los residuos
radiactivos. Cuando se evalúa un proyecto minero
debería poderse garantizar el monitoreo, control,
manejo y tratamiento por décadas o siglos.
Contaminación
Los metales pesados presentes naturalmente en las
rocas, al entrar en contacto con el agua, son arrastrados
río abajo. Este proceso se incrementa debido
a la trituración y excavación que deja
mayores superficies expuestas.
Además,
se produce la contaminación química
por los tóxicos empleados en la minería.
Esto sucede por el uso y emisión de sustancias
tóxicas empleadas en las distintas etapas de
la minería.
La
utilización del cianuro genera a su vez graves
problemas. Esta sustancia se emplea en la industria
minera para extraer los metales de la roca. El uso
del cianuro fue lo que ha permitido extraer oro y
plata presentes en baja ley en las rocas de una manera
redituable.
En
el caso de la minería de oro, una solución
de cianuro se vierte sobre la roca molida. El cianuro
se une al oro presente aún en bajas concentraciones
y forma un compuesto soluble en agua del que luego
se extrae el oro.
A
pesar de lo que dice la industria minera, los registros
claramente demuestran que la minería con lixiviación
de cianuro no está siendo practicada de manera
segura. Ha habido una larga serie de accidentes involucrando
cianuro en las minas.
El
cianuro es un compuesto químico altamente tóxico.
La exposición a dosis altas daña el
cerebro y el corazón, puede causar coma y la
muerte. La exposición a niveles bajos puede
resultar en problemas respiratorios, dolores cardíacos,
vómitos, alteraciones en la sangre, dolores
de cabeza y crecimiento de la glándula tiroides.
Si
bien se dice que una vez desechado, se degrada rápidamente
por acción de la luz solar, el cianuro tiende
a reaccionar con otras sustancias químicas
y a formar, como mínimo, cientos de compuestos
diferentes. Además de la degradación
natural, las empresas mineras proponen el empleo de
métodos de tratamiento para destruirlo. Sin
embargo, si bien los procesos de destrucción
de cianuro disminuyen las concentraciones de muchos
compuestos de cianuro, varios de estos, también
tóxicos, permanecen.
Estos
compuestos químicos normalmente no son tenidos
en cuenta en los monitoreos y controles por lo que
las verdaderas emisiones permanecen desconocidas en
la mayoría de las minas.
El
cianuro representa además un riesgo en el transporte.
En nuestro país el cianuro debe ser importado
y un accidente en las rutas que unen los puertos importadores
con las zonas mineras, podría tener consecuencias
devastadoras.
Otros
impactos
La perturbación de las rocas en la minería
puede provocar la erosión de la tierra expuesta
y transportar una gran cantidad de sedimentación
a arroyos, ríos y lagos. La sedimentación
excesiva puede obstruir riberas, la vegetación
de ellas y el hábitat de la fauna y organismos
acuáticos.
Además,
las rocas donde se pretende extraer el oro son dinamitadas,
lo que provoca no sólo ruidos que pueden producir
alteraciones en el ambiente circundante, sino también
la emisión de polvos que pueden afectar a los
seres humanos y otras formas de vida. Por ejemplo,
los polvos de sílice al ser respirados llevan
a la pérdida de la elasticidad del alvéolo
y obstruye el intercambio gaseoso en los pulmones.
Es
importante tener en cuenta que los riesgos de contaminación
no están solo asociados a los residuos como
colas o restos de rocas, sino también con el
tajo o sitio de donde se extrajo la roca para obtener
el mineral en cuestión. En el largo plazo,
los tajos o instalaciones subterráneas de las
minas son cuantitativamente más importantes
que los depósitos de desechos como fuentes
de drenajes contaminados.
Quién
paga los costos
Uno
de los grandes problemas es determinar quién
paga los costos de remediación (cuando ésta
es posible) una vez que ocurren los problemas y la
mina ya no está activa o la empresa desapareció.
Al respecto, vale la pena citar una porción
del informe realizado por el Dr. Robert Moran en ocasión
de una propuesta mina de cobre en Perú. "Es
evidente que las actividades mineras frecuentemente
producen beneficios económicos a corto plazo
a las comunidades y a los trabajadores (empleos, negocios
en general) y que a menudo mejoran en parte la infraestructura
local como caminos, sistemas de distribución
de electricidad y agua, etc. Sin embargo, estas mismas
actividades también producen impactos ambientales
y de salud a largo plazo que las compañías
mineras frecuentemente evitan pagar".
El
especialista señala que de acuerdo a informes
brindados por el Centro de Política Mineral
de EE.UU., existen más de 500,000 minas abandonadas
en ese país que le costará al gobierno
entre 32 y 72 billones de dólares para remediar
la contaminación. "Algunas veces los gobiernos
o grupos de ciudadanos han litigado contra estas compañías
en un intento por recobrar algunos costos, pero frecuentemente
la compañía en bancarrota tiene pocos
o ningún bien".
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El caso Esquel
Ilustración:
Bibiana González
Foto: Greenpeace Argentina
Más
información: www.greenpeace.org.ar
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