|
El
carancho
El
bosque se abría generoso. La mañana
fría y soleada nos permitía oír
hasta los sonidos más débiles. En un
momento, el silencio dejó de ser. Los pájaros
levantaron vuelo presintiendo el peligro. Las cotorras,
veloces y bullangueras, fueron las elegidas por el
carancho. Abrió y cerró sus poderosas
patas y eso fue suficiente.
Es
poco frecuente verlo cazar en el aire, ya que la mayoría
de las veces lo hacen en tierra, persiguiendo en trechos
muy cortos a su presa. Es carroñero, es decir:
come carne de animales muertos, aunque también
langostas, cuises, víboras y pichones. Los
paisanos lo tienen mal visto porque es común
verlo planear cerca de los gallineros y en los corrales
en busca de comida. Por eso es una especie muy perseguida
por el hombre.
|
Ficha
Técnica
|
|
Nombre
vulgar: Carancho.
Los mapuches le dicen
Traru o Trarü.
Nombre
científico: Polyborus plancus
(en griego quiere decir águila
feróz)
Distribución:
Desde el sur de EE.UU hasta Tierra del Fuego.
Medidas:
Más de 50 cm de alto.
|
En
un viejo caldén, en la copa, se veía
una construcción circular de espinas de más
de 60 centímetros de diámetro. Esa es
la casa del carancho y, si no los persiguen, viven
muchos años en el mismo nido.
La
vida en pareja es digna de las mejores novelas. Una
vez que se juntan lo hacen para toda la vida. Si son
una pareja nueva, construyen entre los dos el nido,
y si no, buscan su antigua casa y la acomodan para
la ocasión. En primavera, cuando la hembra
puso los tres huevos de color oscuro con manchas blancas,
se turnan para incubarlos. Luego de casi 30 días,
nacen los pichones y también son padres ejemplares:
tanto el macho como la hembra participan de la crianza.
Pero
lo más característico del carancho es
su manera de caminar. Con pasos largos describen un
movimiento bamboleante, y picotean el suelo constantemente
buscando su alimento. No desprecian nada, y se comen
hasta los huevos de otras aves.
Sobre
el plumaje oscuro, se destaca su garganta blanca.
Dice la leyenda que es un pañuelo que se lo
regaló la lechuza cuando eran novios. Según
cuentan los más viejos, la lechuza le reclamó
el pañuelo cuando se pelearon y el carancho,
tirando la cabeza hacia atrás, soltó
una fuerte carcajada: ¡Kra-kra-kra!
Si
te encontrás con un carancho al costado de
la ruta o sobre el poste de algún alambrado,
vas a ver que cuando grita emite ese sonido característico
que todos llaman krakeo.
Texto:
Horacio Riesco
Foto: Aves, Fauna Arg. Ed. Ceal
Dibujo: Bibiana González
|